Científicos contra puristas

Cientificos contra purístas

En 1667 el formidable e inquieto Isaac Newton puso sus dos prismas en diferentes posiciones.

La habitación para el experimento estaba en casi total obscuridad, solo tenía un pequeño orificio por donde entraría la luz solar.

El rayo de sol hizo su trabajo, pasó a través de uno de los dos cristalinos objetos.

El Astro Rey había revelado la magia del arco iris al descomponer la luz del en el espectro de colores.

Con el segundo prisma comprobó que al descomponerse la luz blanca se generaban los colores, el icónico símbolo celestial perdió parte de su encanto mítico.

Dicho sea de paso, Newton sólo promovió 7 de ellos, es curioso, a veces pienso que como era un científico con un grado de misticismo y sentido alquimista en su mente, escogió ése número por ser ”especial” .

Hasta ahí todo bien pero…Casi un siglo después el extraordinario poeta romántico John Keats maldijo cuantas veces pudo este experimento científico.

En su poema Lamia de 1820 se lee lo siguiente:

“Antes había en el cielo un sobrecogedor arco iris, hoy conocemos su urdimbre, su textura; forma parte del aburrido catálogo de las cosas vulgares.

La ciencia recorta las alas del ángel, conquista los misterios con reglas y líneas, despoja de embrujo el aire, de gnomos las minas; desteje el arco iris”.

Tenemos a dos grandes pensadores y también dos posturas.

Uniré ambas y utilizaré el que considero un buen ejemplo.

Necesito a Johannes Vermeer van Delft.

Uno de los más grandes pintores de todos los tiempos, su dominio de la luz era sin igual, casi mágico, cada una de sus magníficas obras consistía en una bella y exquisita composición y su técnica de pintar le permitía crear una representación fotográfíca en cada lienzo jamás lograda.

Sin embargo se especula que para lograr esas tonalidades y la perfección de cada cuadro, el pintor utilizó como herramienta lentes y su óptica para realizar cada cuadro.

En el documental de “El Vermeer de Tim” (muy interesante e inspirador independientemente del tema), el multimillonario y genial Tim Jenison aborda el tema de cómo supuestamente fueron creados los cuadros de Vermeer.

Le tomó cuatro años de su vida terminarlo y de forma sorprendente recreó perfectamente el cuadro “La lección de música” del mismo Vermeer.

Con esto quizá pudo probar que Vermeer fue un maravilloso artista y también un científico sensacional que posiblemente combinó ambos conceptos.

Richard Feynman obtuvo el premio Nóbel de Física en 1965.

Cuentan que tenía un amigo poeta, por supuesto mucho menos excelso que Keats, y platicando con él se desató la polémica en torno a la ciencia y su filosofía para desentrañar los misterios de la vida.

El escritor recriminaba al físico que, “mientras que los artistas admiran la belleza en una flor, los científicos la diseccionan hasta convertirla en un objeto sin vida”.

Feynman cerró la conversación con una excelente reflexión:

“El conocimiento de la ciencia sólo agranda el interés, el misterio, el asombro y la belleza que produce una flor”,

En suma, conocer a una flor en el fondo de su totalidad, no impide la apreciación de su belleza, igual que aprender acústica no disminuye la apreciación de mis amadas “Las Cuatro estaciones” de Vivaldi.

Muchos experimentos o posturas científicas son como obras de arte y en muchos de ellos se puede valorar la maravilla de la expresión y fineza del pensamiento humano.

Es como hablar sobre el concepto Tiempo y el Espacio de Einstein o ver las increíbles imágenes que nos manda el Hubble, ambas obras nos quitan el aliento de una u otra forma.

Lo relevante es algo que el mismo Einstein reconocía con otras palabras pero usaré las mías: lo que hace la diferencia entre la ciencia y el purismo de la vida es que no es absolutamente necesario un Bohr, un Mendel, o un Newton para lograr descifrar a la vida o el universo, eventualmente alguien llegaría a hacerlo, pero nada jamás iguala las composiciones por ejemplo de Tchaikovsky, o ver “La ronda de noche” de Rembrandt o quedar sin palabras al contemplar el arte romano o veneciano.

¡Que viva la vida, el purismo y la ciencia!

 

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