Finanzas emocionantes

Finanzas emocionantes

El sistema educativo mundial está lejos de la humanidad, de los hombres y mujeres con emociones, intuiciones o simplemente sentimientos.

¿A quién le enseñan en la escuela que es sano soñar, llorar, reír con plenitud, o mojarse en el bebedero del colegio solo porque sí?

Lejos de eso, la crítica y el asedio se hacen presentes si es que por “error” alguien se expresa de manera espontánea o “fuera de lugar”; mostrar algún asomo de estar vivo en ese sentido es indiscreto, vulgar o se convierte en algo desmedido o abyecto.

Si no me cree haga la prueba con algo tan sencillo como regalarle una gran sonrisa franca a la persona de al lado, y la sorpresa será que la mayoría de las veces habrá una primera reacción de duda y asombro en el receptor: “¿habré visto bien o este individuo me sonrió?”

Hemos sido “bien” educados para las reacciones emocionales y la mayoría a las que respondemos de inmediato son para actuar violentamente.

“¿Qué me ves?”, “¿Soy o me parezco?”, “¡Págame o te agredo!”.

Poco sabemos y menos queremos entender de las razones reales por las cuales se mueven las cosas.

No se piensa, solo se reacciona.

El humano es reaccionario por naturaleza.

Por eso el tema del que quiero hablar hoy.

Si en la casa nuestros padres, en la escuela los maestros, o en cualquier lugar donde nos estén adoctrinando para ser entes sociales, nos enseñaran a lidiar con nuestras emociones, la vida sería otra.

La excepción no es la educación financiera, donde siempre la consigna es que no debemos de gastar más de lo que se tiene, que todo es lógica, disciplina, un valor de equidad, y principios a seguir, y conste que estoy de acuerdo con todo ello, pero quiero pensar que cualquiera que esté leyendo este texto, no haya tenido ganas o generado la emoción de comprar algo compulsivamente.

Se vuelve un problema cuando este sentimiento vence a las personas, cosa de la que se encarga la publicidad.

Por eso quiero compartir mi fórmula de control sobre este asunto tan humano ya que podemos revertir el arrebato instantáneo de la compra impulsiva con la inteligencia emocional financiera, por ello es buen hábito empezar a practicar estas reflexiones.

Primero se tiene que identificar la relación que se tiene con el dinero, con las pertenencias, con los miedos sociales o de supervivencia y cómo se reacciona ante las decisiones financieras que se toman diariamente.

Esto será de gran ayuda para determinar las soluciones para las finanzas sanas personales, y dominar la emoción financiera que aspiracionalmente hay en el panorama económico de cada quien.

Segundo, revisemos estos aspectos:

– Estabilidad quebrantable.

Esto es cuando tenemos un trabajo que se ha sostenido durante algún tiempo.

Esta seguridad nos debería de exigir retener una porción de esa entrada financiera para un ahorro que prevea una contingencia. Ahorrar el 10% por lo menos de su sueldo, de manera repetitiva, es una buena norma.

– Competencia social.

Aquí podemos ver a unos humanos queriendo ser mejores que otros por lo que usan o por lo que tienen, donde el que tiene mejores posesiones es más “ganador social”.

La solución es “aterrizar” y comprender que no es mejor persona o más “exitosa” quien más puede comprar mejores cosas.

Si se es inteligente emocionalmente, es probable que en corto tiempo pueda tener acceso a mejores satisfactores.

– Aspiraciones vanidosas.

Debo de tener mejores cosas porque me las merezco.

Al creer esto, que dicho sea de paso se promueve con los libros de metafísica, caemos en el hábito de comprar nada más por tener, ya sea artículos sin sentido porque están de moda, tecnología de punta antes que los demás, novedades o simplemente aprovechar temporadas de ofertas comerciales.

Lo mejor es hacer un ejercicio de evaluación personal y de valuación económica, con ello podemos darnos o no algún pequeño placer.

– Desidia, flojera o miedo.

Todos estos conceptos van de la mano con una economía emocional deficiente.

“Lo haré mañana”, “no me dio tiempo”, “no quiero saber cómo voy a salir de ésta”, es demasiado complicado”, etcétera.

No ayuda a resolver las finanzas sanas.

Seamos honestos con nosotros mismos y enfrentemos lo que sea con responsabilidad y con un buen plan que se adapte a la situación que estemos viviendo, después de todo vivir se trata de experimentar y solucionar el diario acontecer.

Tomemos este aspecto económico en nuestro puño y salgamos adelante de manera inteligente, esto quiere decir razonando.

– Apuntar el dedo a los demás.

Hay quien bien dice que cuando alguien señala con un dedo y le echa la culpa a alguien de su estado actual, hay otros tres dedos apuntando en dirección contraria.

Con ello quiero decir que los dedos restantes apuntan hacia uno mismo, y es cierto.

Pocas veces las personas admiten sus culpas o errores y ése es el primer paso para solucionarlos: admitir.

Nadie es culpable de nuestras decisiones, desde luego hay circunstancias y riesgos en todo, pero lo importante es ver siempre para el futuro.

No hay que lamentarse, solo hay que aprender y comprender el estado de las cosas.

Total que la inteligencia emocional en las finanzas es muy útil para fincar proyectos y para desencallar a los barcos y volver a navegar tranquilamente.

Hay autores que hablan de esto en libros, uno de ellos es Emotional Intelligence del autor Daniel Goleman.

En suma, los invito y los exhorto a que seamos inteligentes emocionalmente, pero en todos los aspectos de nuestra vida.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *